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Terapia para el control de la ira y agresividad


A través de los medios de comunicación tenemos constante noticia de la presencia de la emoción de ira en multitud de conflictos personales y sociales y de sus nefastas consecuencias. Pero otras veces, dicha emoción se presenta en nuestro entorno e incluso puede suponer una respuesta habitual en algunas personas ante determinadas circunstancias o situaciones como única vía muchas veces de resolución de problemas o como medio para alcanzar un fin. Se han podido constatar las consecuencias negativas que la presencia de la ira acarrea en la vida de las personas que la experimentan con frecuencia:
  • Destrucción de las relaciones personales y laborales;
  • Agravamiento de la situación problemática en la medida en que la ira no contribuye a alcanzar los objetivos de forma adecuada;
  • Fomento de las agresiones;
  • Desarrollo de trastornos cardiovasculares y otros problemas psicológicos como pueden ser la depresión, sentimientos de culpabilidad o baja autoestima.

terapia contra la ira
No obstante, no podemos perder de vista que la ira, al igual que ocurre con la alegría o el asco, se corresponde con una emoción presente de forma natural en el repertorio humano y por tanto tiene un valor adaptativo relevante. Así, bajo determinadas circunstancias, el experimentar una reacción de ira puede desencadenar en la persona conductas de defensa que le puedan poner a salvo de un peligro o agresión. El problema radica en la frecuencia con la que estos estallidos de ira aparecen, así como los objetivos que persiga la persona mediante su utilización, como puede ser el obligar a alguien a hacer algo que bajo otros medios no haría.

Desde la terapia de orientación cognitivo conductual, que contextualiza nuestra labor terapéutica, entendemos y sabemos que a través del cambio de nuestros pensamientos e interpretaciones de los sucesos que vivimos conseguimos un cambio en las reacciones emocionales y comportamentales y así estar en condiciones de minimizar y eliminar las reacciones de ira.

Tratamiento de la ira y agresividad


De forma más concreta, los objetivos que se persiguen en el tratamiento de la ira y de las conductas agresivas son los siguientes:

    problemas de agresividad
  • Mejorar el conocimiento sobre las emociones y en concreto sobre la ira para facilitar la comprensión del problema.
  • Conocer la naturaleza de la agresividad así como el ciclo que caracteriza su presencia en las relaciones humanas.
  • Dotar a la persona de técnicas de relajación para controlar la activación fisiológica y emocional asociada a la experiencia de ira.
  • Proporcionar estrategias externas y de control de pensamiento para reducir los estímulos y situaciones que actúan como desencadenantes.
  • Modificar los pensamientos y actitudes disfuncionales asociados a la ira para desarrollar un patrón de pensamiento alternativo y funcional que permita poner en marcha conductas más adaptativas y la vivencia de emociones más ajustadas.
  • Aprender formas de comunicación asertiva de cara a sustituir la agresividad como forma de lograr objetivos.
  • Desarrollar un plan de prevención de situaciones futuras difíciles.

En algunos casos será necesario complementar estos objetivos con el tratamiento de la empatía, o la capacidad para ponerse en la situación del otro; la mejora de la autoestima; el incremento de las habilidades de negociación o el desarrollo de habilidades de afrontamiento de los problemas cotidianos y el estrés.