Empieza a ser llamativo el número de niños y adolescentes que acompañados por sus padres acuden a la consulta del psicólogo con el fin de intentar resolver el por qué de sus malas notas, su escaso deseo de acudir al colegio o su falta de relaciones sociales, terminando en ocasiones por revelar algún tipo de insatisfacción escolar.
Desgraciadamente, y cada vez más, empezamos a encontrarnos casos donde los protagonistas son niños y niñas en periodo escolar, que se ven sometidos a un tipo de maltrato psicológico, verbal o físico. Estos escolares son acosados durante un tiempo prolongado, produciéndoles diferentes daños, de los que podemos destacar la violencia emocional y física.
Se hace complicado saber la incidencia de acoso escolar existente en España, tal y como se publica en un artículo del periódico El Mundo, debido a la falta de reconocimiento de este problema por los acosados, y que en gran medida se explica por el temor y el miedo que sienten.
El acosador busca intimidar al acosado abusando de su “poder” (empujones, collejas, agresiones físicas y verbales, burlas, faltas de respeto, etc.), quedando así el acosado anulado personal y socialmente. Todas estas agresiones comienzan a producir unos cambios importantes en el niño, cicatrices y heridas que marcarán significativamente el ámbito académico, afectivo, emocional y familiar. Su forma de relacionarse y su autoestima se verán gravemente afectadas.
Pronto, el niño que acosa atraerá a un grupo de escolares que se sumarán de forma masiva al comportamiento violento. El acosado puede terminar aceptando que es un mal estudiante, que todo es su culpa y que no vale para nada. Todo este proceso le llevará a un aislamiento social y a una baja autoestima, entre otros problemas.
Según el estudio del Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo, realizado por Araceli Oñate Cantero e Iñaki Piñuel y Zabala, el acoso escolar se manifiesta por un comportamiento de persecución y hostigamiento continuado y persistente que se materializa en 8 tipos de conductas:
- Comportamientos de desprecio y ridiculización
- Coacciones
- Restricción de la comunicación y ninguneo
- Agresiones físicas
- Comportamientos de intimidación y amenaza
- Comportamientos de exclusión y de bloqueo social
- Comportamientos de maltrato y hostigamiento verbal
- Robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias
Llegados a este punto, existen distintas respuestas que el acosado puede llevar a cabo. La más común es que se comienza un proceso de sufrimiento y aislamiento, donde el niño se ve inmerso en una personalidad cada vez más débil y vulnerable, y con un gran sentimiento de indefensión y capacidad de reacción nula.
Es importante que los padres o familiares estén atentos a posibles cambios en el niño que puedan indicarles un posible caso de bullying, ya que como anteriormente hemos indicado, estos niños tienden a la no expresión y ocultación de lo que les ocurre en la escuela. Y si tienen serias dudas respecto a si este problema está afectando o no a su hijo/a, pueden pedir consejo a nuestro equipo de psicologos en madrid, en https://www.psicoadapta.es/nuestro-equipo.php, para tratar de evaluar si es un caso de bullying o no.
Finalmente, hacer mención a la importancia que tiene una buena relación comunicativa entre padres e hijos, y una especial atención a los posibles factores de alarma que puedan contribuir al descubrimiento de un posible acoso.
Recordar que a éstas edades es cuando formamos nuestro autoconcepto, lo que sabemos o percibimos de nosotros mismos, la imagen que el niño tiene de sí. Este periodo, determinará la personalidad, autoestima y la manera de actuar y relacionarse en un futuro. Es una etapa de maduración y evolución psicológica importantísima. Un autoconcepto negativo y una baja autoestima, pueden suponer una personalidad muy vulnerable del sujeto en el futuro.